De vuelta a la libreta.

Regresando de un viaje a Bogotá, me di cuenta que había estado inactivo en varias de mis tareas en casa, ilustraciones y proyectos que debían estar listos hace días. Fue entonces cuando entre en pánico y trataba desesperadamente de programar mi celular para ir agregando las alarmas que 24 horas antes de la fecha de entrega, me estresarían más, para aumentar mi paranoia de fin del mundo por estar atrasado!

“Esta historia parece haberse repetido antes” me dije. Entonces, puse el celular a un lado, saqué de entre todos los chécheres, una libreta con páginas en blanco que compré en una tienda de arte y diseño en Villa de Leyva, Boyacá con una portada coqueta que dice: ¿Quién te enseño a nadar? Y decidí que esa sería mi agenda hasta final del año.

Poco a poco fui viendo todo más claro y aunque las tareas aún seguían siendo muchas, las fui ubicando entre los días de forma más realista, de forma que iluminó mejor el camino para resolver cada caso. Es por eso que estoy escribiendo hoy, ya que una de las tareas que me propuse hacer, fue escribir todos los viernes (aún hay que trabajar en el horario, pero vamos un paso a la vez).

Hacer todo este ejercicio me recordó una de las clases de diseño, en la que empecé a trabajar en una infografía, y el primer paso era diagramar el aspecto que tendría la plantilla, es decir, tomar un papel y un lápiz para empezar con bocetos. Durante este proceso, decidí que quería incluir ilustraciones hechas por mí en la infografía y conectó muy bien con la temática caricaturesca que quería plantear. Justo en ese momento pensé, que para algunos es más fácil llevar control de sus actividades utilizando avanzadas tecnologías, y para otros como yo, es más sencillo ver el mapa de forma más “gráfica”. Entonces decidí tomar ventaja de esto y adopté la forma gráfica para armar mi agenda de actividades en este cuaderno de hojas en blanco, que me permite tener las mismas libertades que dibujar, igual como cuando trabajo en un boceto para algún cliente.

Ahora que veo todo más claro, les comparto que hay cosas chéveres en el camino: proyectos con nuevos clientes, aportes a Fundaciones, regalos para Navidad, y nuevos retos que van más allá de las olas del mar.

Cuánto hacen una hoja en blanco y un bolígrafo!

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