De canto a canto

Pensando en que escribiría para hoy viernes, busqué algunas notas en mi bitácora y me animé por la descriptiva, que es un elemento presente en muchas novelas que leo, como las de Isabel Allende en su pieza maestra “La Casa de Los Espíritus” Aquí entonces, un recorrido “de canto a canto” que hice en autobús.

Voy saliendo de la cabaña que me hospedó por una tarde de intensa lluvia y 3 húmedas noches en mi amada Playa de Cambutal. El día anterior ya había acordado con el chofer de la chiva Cambutal-Las Tablas, el recojo a las 7 – 7:15am.
A eso de las 7:17am llegó el chofer y mientras acomodaba mi mochila en el maletero, yo iba buscando un lugar dentro de la chiva que no me estrujara las rodillas. El viaje a Las Tablas cuesta $4.80, incluidas las paradas para recoger los mandados, los diálogos con los lugareños y recorridos por los recovecos que albergan pequeñas casitas de color verde y crema.
Le pregunté al chofer como hacía para llegar a Santiago, y el me respondió que desde Las Tablas no se podía, y explicándole mi ruta hacia Chiriquí, trazamos el recorrido: Cambutal-Las Tablas, Las Tablas-Chitré, Chitré-Santiago, Santiago-Chiriquí.

Nos detiene una señora, para pedirle un favor al chofer, le cortaron el Claro TV y hacer un viaje tan largo para pagar la reconexión, parecía no sólo complicado, sino impensable.

Más adelante nos detuvimos para recoger a una familia que llevaba a una preciosa de 4 meses. Ella venía con todo y cama a visitar a su abuela en Las Tablas y por un momento pensé, en lo inmaculada que será la niñez de esta pequeña lejos de la ciudad, hasta que llegada su adolescencia, un joven le robe el corazón.

Llegado al destino, salté de la chiva de Cambutal a otra que me llevó a Chitré. Una vez ahí, hubo una pequeña pausa para ir por carne guisada y 2 bolitas de ensalada de papa que a eso de las 11am, fue el brunch perfecto despues de 4 horas de estar rodando. Al cabo de 20 min ya estaba montado en el bus de Chitré-Santiago, que me paseaba entre casitas con techos de teja y nos hacía mover la cabeza de un lado a otro entre eles, doble eles y doble us.

Ya con algo de fatiga, llego a Santiago a las 12:30pm y listo para subirme al último bus que me llevaría a mi destino final. Mientras la gente sube, el asistente va acomodando el singular equipaje de los pasajeros: bolsos, maletas, un gato y otras cajas más. A espera de la salida, todos estamos pegados al celular, mirando el chat, tomándonos una selfie o solo apretando botones para entretener la mano. Yo sigo escribiendo y tomando pastillas para la tos.

Cuando finalmente llegué a David, le di gracias a Dios por dejarme llegar a mi querido Chiriquí de donde la mitad de mí creció entre cigarras y frutos de guaba.

El motivo que nos reunía, era la familia, que es todo lo que nos queda cuando el mundo da la espalda, es la única que nos sirve el desayuno aún con nuestra mala cara, y es la única a la que siempre podremos regresar, no importa que tan lejos hayamos querido alejarnos.

 

Ahoy.

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