Quién nos cura?

Justo un día antes de emprender un viaje de arte y diseño hacia la tierra del Poas, hice un espacio para asistir al conversatorio de Luis Camnitzer, organizado por Fundación Casa Santa Ana. 

En el pequeño pero acogedor espacio que nos ofreció el Teatro Anita Villalaz, entró este caballero, con un montón de páginas en la mano, que leyó para nosotros con mucha paciencia. Su discurso “Cuando las palabras Arte y Educación no alcanzan”, era como un antónimo de lo que hoy día conocemos como arte.

Lo que me atrapó de su conversación, fue escuchar un significado distinto de la palabra arte como medio para educar, sobre lo que nosotros creemos saber o nos han hecho creer que es arte. Es una misión que tiene el artista para con el espectador, pues presentar un trabajo bonito y muy bien logrado que no plantea un problema, se aleja profundamente de este concepto. Camnitzer en este sentido, nos propone ir más allá de “comunicar” y nos reta a “problematizar” una situación, que el espectador debe resolver.

La apreciación del arte es un concepto que nos trata de enseñar cómo entender una obra, sin embargo, esta contraproducente forma de enseñar, con la que el maestro Camnitzer difiere, esta tratando de distraer nuestra atención de lo que verdaderamente necesitamos ver de un artista. Esta responsabilidad también cae en manos de el “curador” quién juega un importante rol en la presentación de las piezas.

En cuanto a lo anterior, la “curación” se ha convertido en un prostituido término, que en pocos casos facilita al espectador la comprensión de la obra, dando paso solamente al asombro por lo incomprensible. Mi hijo de 5 años puede hacer un dibujo igual a este. Les sonará familiar esta frase?

Un verdadero curador, debe ser capaz de organizar el trabajo de tal manera que quien lo ve, pueda escuchar una historia, encontrar un problema y llegar a sus propias conclusiones.

En cuanto a la educación académica, Luis nos dio el paseo por un camino que viene construyéndose en base a títulos y créditos, por los cuales un educando trabaja; sin embargo, el esfuerzo pierde su mérito, cuando el estudiante convertido en profesional, sale al campo y no es capaz de plantear un problema que ofrezca retos significativos. Nuestros profesores y maestros, están disminuyendo en vocación y creciendo en interés; un problema que también afecta el nivel de la educación.

El trabajo que hay por delante es mucho, el arte y la educación NO pueden vivir separados y necesitamos aprender a “problematizar” un concepto, que ponga a prueba nuestra creatividad y que rete al espectador a encontrar una respuesta; cuando eso suceda, entonces habremos educado.

Ahoy.

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