Fuera de los planes

Hace algunos días, vengo pensando en los proyectos en los que estoy trabajando y en cómo lograr de la forma más exitosa mis metas. Desde los cuadros de Gant hasta los tableros que he instalado en mi estudio, parece todo estar bajo control; sin embargo por qué sigo sientiendo que no voy a la velocidad que necesito?

Antes de seguir con esta historia, recuerdo que en una conversación con una muy buena amiga, le confesaba que todo esto del arte y el diseño, parecía una cosa muy independiente de otras cosas de mi vida, como el aspecto espiritual y la presencia de Dios en ella.

Aunque esa es otra historia (que tal vez me anime a contar más adelante), pensé en la espiritualidad de mi trabajo y con que dirección lo estoy haciendo. El tema espiritual, en su amplitud es para mí, la forma en que tu conectas lo que haces, con lo que crees. En mi caso, es en un Dios que sólo quiere la felicidad para mí y me enseña a lograrlo.

Llegando a este punto entonces me dije: Si mi trabajo tiene una influencia espiritual que transmite lo que siento y en lo que creo, entonces Dios no puede estar fuera de este proyecto; al contrario, Él debe ser el Capitán de este barco! Esto significaba que tenía que dejar todo en sus manos ¿Cómo? ¿Dejar mi futuro y todo por lo que he luchado en sus manos? Así es. Ese dejarlo en sus manos no significa que me quedaré sentado en mi estudio esperando a que lleguen los e-mails con propuestas de trabajo, sino más bien, permitirle a Dios que me guíe en este camino.

Desde que dejé de trabajar para una empresa, y empecé a resolver mi vida de otra manera, siempre encomendaba a Dios mi día de trabajo; pidiéndole que me diera la sabiduría para tomar las decisiones correctas, rogándole que me ayudara a sacar la pata de los problemas en los que me metía y dejando que Sus Palabras salieran por mi boca, en lugar de mis temperamentales pensamientos.

No sé en que momento esto cambió. Por alguna razón lo saqué de mis planes, seguramente porque ya no tenía las mismas preocupaciones de cumplir con una tarea crítica dentro de una estructura sistematizada, pero mi plan de vida no se terminó con esto, solo se cerró un capítulo y se empezó a escribir otro. Lo que no había realizado, es que el libro seguía siendo el mismo…mi vida.

Entonces empecé a encomendar mi trabajo también a Dios, cada trazo, cada ilustración, cada mancha de pintura. Al final del día, mis piezas no sólo son creadas por el amor que tengo por el arte, sino que cuelgan de una pared, adornan un muro o dicen más que palabras en manos de otras personas. Todas esas piezas son producto de un proceso creativo que también involucra la espiritualidad que vivo y transmito.

Más allá de la religión que profesemos, o creencia que tengamos, prevalece la universalidad del amor, que se manifiesta al hacer bien a los demás. Esa es la espiritualidad que yo vivo a través de un Dios en el que creo y me entrego. De la misma forma, quiero compartir todo ese amor y perdón que Él me regala todos los días en cada una de mis piezas; que a través de ellas, mis clientes, amigos y seguidores, reciban también esas bendiciones.

Aunque no somos super héroes para arreglar los problemas del mundo, somos humanos y el poder que tenemos para cambiar el mundo, está en el más pequeño deseo de querer hacer el bien a los demás.

Ahoy.

 

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